Monday, July 21, 2008

11 de Septiembre: Una perspectiva a la Chesterton

Dale Ahlquist




Dale Ahlquist es Presidente de la Sociedad Americana Chesterton y un reciente converso al Catolicismo. El invitó a Marcos y Luisa para hacer una presentación sobre la economía del Distributismo (Distributivismo) en la Conferencia Chesterton de Junio del 2001.


El martes 11 de Septiembre del 2001, mi hijo, Adrian Chesterton Ahlquist tuvo su cumpleaños. Esto significa una fiesta con un pastel de cumpleaños y regalos brillante-mente envueltos. Significó instalar una nueva bocina en su bicicleta y rellenarles sus llantas con aire, para que pudiera montarla en frente de la casa en un precioso día soleado. El era un cuadro de pura felicidad. El solo tenía una vaga idea que algo temible había pasado esa misma mañana en Nueva York y en Washington D.C. Cuando vio las escenas en la televisión, él preguntó si era real.

Parecía irreal. Todavía lo parece. Pasó en mi país en los días que siguieron, con las imágenes quemadas en mi cerebro, traté detrás de esas escenas y considerar su verdadero significado. Aquí van algunos pensamientos. Pueda que no encajen bien, pues estamos todos tratando de recuperar las piezas.

El ataque fue vicioso, pero también simbólico. Mientras había genio en la malicia y malicia en el genio al ser capaces de matar a tantos sin disparar un solo tiro, había también un claro mensaje enviado en la misma selección de los blancos. Como con casi todos los claros mensajes, casi todos no lo entendimos. No era nuestro país el que fue atacado ese día, sino nuestros dioses en sus sagrarios: Mammon y Marte, el uno en los templos gemelos de Nueva York, el otro en su fortaleza de cinco lados en Washington. Por las últimas muchas décadas hemos puesto toda nuestra confianza en el dinero y en el poderío militar. Ellos no nos protegieron ese día, y finalmente, ellos no nos protegen en absoluto.

Alguien por ahí ha desafiado a nuestros dioses y ha tenido un éxito espectacular al exponer nuestra debilidad. De los escombros humeantes surge el gemido mudo: "Yo puedo pelear tu ejercito sin un ejercito. Yo puedo volar tu más grande edificio sin una sola bomba. Yo puedo matar a miles de tu gente con una navaja cortacaja."

Así es que nos apresuramos a vengar a nuestros dioses. ¿Cómo? Movilizando a nuestros ejércitos y gastando rápidamente $40 billones.

Hemos identificado al enemigo, casi. No es otro país. Es algo menos que una organización. Por razones de conveniencia les hemos dado una cara.

Pero el informe mas interesante que he escuchado (y esto de un miembro de la maligna "comunidad de inteligencia" que en alguna forma estaba supuesto a prevenir el desastre, es que Osama Bin Laden no es el "cerebro maestro" de la operación terrorista anti-Occidental que perpetró este acto. El es solo una distracción. Su éxito en atraer la atención a él mismo mientras otros hacen el trabajo sucio, y aun más agravante, llamar la atención a él mismo sin que nadie sepa donde está. La fuerza de este grupo es que está descentralizado y muy esparcido. Está claro que cuando devolvamos el golpe, no tendremos blancos bien definidos a los que atacar. De manera que hemos elevado el peligro. Hemos dicho que atacaremos a las naciones que los alberguen a estos terroristas. El problema es que nosotros somos una de esas naciones. Los terroristas han vivido acá y se han entrenado acá y han jugado en nuestros callejones por mucho tiempo.

Nosotros hemos caracterizado a esto como un ataque contra la civilización y hemos dicho que ahora vamos a ir a la guerra para defender a la civilización. Tal vez la civilización que estamos empezando a defender debería empezar por parecerse a una civilización. Ahora que hemos identificado a un enemigo externo podríamos cesar de ser nuestro propio enemigo. Tal vez ahora podamos empezar a defender la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Podremos defender la vida empezando por no matar a nuestros bebés. Podremos defender la libertad al no hacernos tan absolutamente dependientes en los gobiernos grandes y aun más inmensas corporaciones. Podremos atender la defensa de la búsqueda de la felicidad abandonando la búsqueda de la felicidad - todas aquellas diversiones inútiles que están alimentadas por la codicia, la lujuria, y la envidia. Esto podría significar abandonar esa forma de propaganda llamada publicidad y esa forma de putrefacción e insensibilidad cerebral llamado televisión. Después de todo, defender la civilización tiene que costar algo. Pero el costo no es tan grande si nos damos cuenta que la búsqueda de la felicidad tiene que ver con los simples placeres del hogar y la familia y el pan nuestro de cada día, y los profundos placeres de la comunión con Dios.

G.K. Chesterton fue uno de los grandes defensores de la civilización. Pero la civilización que el defendió era el cristianismo. El nos indicó en más de una ocasión al enemigo del cristianismo ha sido el islamismo. El más poderoso poema que el escribió fue sobre la batalla de Lepanto, el pivote de la historia que efectivamente terminó con la amenaza musulmana contra la Europa cristiana. El estaría satisfecho de encontrar que podría ser llamado una vez mas para defender la filosofía de las cruzadas. Pero estaría preocupado al ver la civilización que ahora seria llamado a defender.

Aun si dejáramos de lado la cuestión del cristianismo, que realmente no podemos hacer, todavía hay un argumento por hacer de Chesterton. Chesterton todavía defendería esa idea ignorada sino despreciada, esa cosa llamada distributismo. Chesterton creía en una economía basada en el hogar, basada en la familia viviendo y trabajando juntos, siendo dueños de su propio negocio, viviendo en una comunidad pequeña que es principalmente autónoma. El creía que el gobierno debe ser local, que las decisiones que más directamente afectan a la gente deberían ser hechas por la gente misma, no por un gobierno remoto, o una corporación remota. El arguia que cuanto más dependemos en el comercio más que en la auto- suficiencia, más libertad estaríamos perdiendo. Al final de su vida, mientras que mucha gente le urgía a enfocar sus talentos en crear algún gran trabajo literario o poesía, Chesterton se dedicó la mayoría de su tiempo a un precario periódico que prevenía de una de una próxima crisis económica debido al matrimonio del gobierno grande con los negocios grandes y la resultante injusta distribución de la riqueza. Un año antes de su muerte el escribió: "En todas las civilizaciones normales el comerciante ha existido y debe existir. Pero en todas la civilizaciones normales el comerciante era ciertamente la excepción. El nunca fue el gobernante. La preponderancia que él ha ganado en el mundo moderno es la causa de todos los desastres del mundo moderno."

Al despertar de nuestro más reciente desastre, nuestros lideres continuaban diciendo que la libertad estaba bajo ataque. Pero era el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono los que eran atacados, los dos centros de dinero y poder. Era comprensible que nuestros lideres llamaran a esa virtud perfectamente natural del patriotismo, para hacernos sentir que nuestra forma de vida estaba siendo amenazada. Pero yo he estado sintiendo esa amenaza particular por mucho tiempo. Este fue un ataque a algo más. Los Estados Unidos estaba vulnerable a este ataque debido a nuestro gobierno centralizado y a nuestra economía centralizada. Y es muy posible que nuestro gobierno y economía centralizadas nos han convertido en una bestia hinchada de dinero y poder, una que es tan odiada y temida que la gente está dispuesta a sacrificarse a sí mismos tratando de destruirla.

Hay un peligro real aquí. Nosotros somos los más pesados. Y esa es la razón por la que no nos pueden derribar. La mejor manera de defender a nuestra nación, y defender lo que realmente queremos, es distribuir el peso más uniformemente.

Si nuestra economía fuera mas autosuficiente y la propiedad mas difundida, no tendríamos que confiar en el comercio mundial, no necesitaríamos un Centro Mundial de Comercio, y no tendríamos que concentrar a nuestra población en ciudades abigarradas. Si nuestro gobierno fuera más democrático y local, nuestra base de poder sería tan amplia como nuestro país mismo y mucho mas estable, mucho menos afectado por nuestra confianza en un manojo de políticos un Capitolio. Si nuestros militares estuvieran más interesados con la simple tarea de guardar las paredes y no ser los policías del mundo, no nos sentiríamos obligados a bombardear lugares como Serbia y Sudan, y encontrar algunos oponentes merecedores interesados en una pelea limpia no estos furtivos a los que nos contentamos en llamarlos cobardes. En corto si nosotros fuésemos una sociedad más distributista, como nos urgía Chesterton, probable-mente no habríamos sido atacados, pero en todo caso, quienquiera que fuese él que nos atacó habría tenido mucho trabajo en encontrar un blanco. Así como nosotros vamos a tener mucho trabajo en encontrarlo en ellos.


(Traducido y reimpreso con permiso de Gilbert! La revista de G.K. Chesterton.)


Trabajador Católico de Houston, Vol. XXII, No. 1, enero-febrero 2002.

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