Monday, July 21, 2008

Hilaire, el combatiente necesario

J.A.U.






Pero, ¿existió alguna vez alguien llamado Hilaire Belloc? Fuera de un brevísimo círculo de incondicionales, que se intercambian la poca información disponible en español sobre este insigne anglo-francés, nadie podría responder a esta pregunta. Pues sí que existió, aunque a muchos les agrade el velo de olvido que oculta su vida y su obra.

Nació Hilaire el 27 de julio de 1870. La zona de París, en la que se encuentra La Celle St. Cloud, estaba sufriendo la más espantosa tormenta que recordasen los lugareños. En este violento contexto vió la luz Hilaire. Dicen que sus chillidos infantiles competían en furia con los truenos del exterior. Tánto que su madre le dió a su recién nacido un sobrenombre que había de prosperar dentro de la familia: Old thunder, vieja tormenta.

Pocos días después del nacimiento estalló la guerra franco-prusiana. Hilaire y su hermana fueron enviados a Inglaterra (de donde era oriunda su madre) mientras durase la guerra, y eso pudo significar su supervivencia, pues, mientras duró el asedio a París, murieron casi todos los niños menores de tres años.

Etapas de la vida

En 1871 su familia volvió a instalarse en La Celle St. Cloud. El pueblo había sido arrasado por las tropas alemanas. Hilaire Belloc nunca pudo tener simpatía hacia los alemanes, en toda su vida.

El joven Belloc continuó sus estudios en el Reino Unido. Allí gozó de la formación en la escuela del Oratorio de san Felipe Neri, en Birmingham, bajo la dirección del cardenal John Henry Newman, que años antes se había convertido al catolicismo.

Después, estudió en el Baliol College, en Oxford. También tuvo gran influencia en él su encuentro con el cardenal Manning, otro converso inglés, gran luchador por la fe católica. Las enseñanzas sociales del cardenal Manning determinaron los planteamientos de Belloc, sobre todo en sus escritos sobre economía.

Cuando tenía 20 años Hilaire conoció a la que iba a ser su mujer, Elodie Hogan, una jóven americana que estaba realizando un viaje por Europa, acompañada de su madre. Al año siguente compró un pasaje para Nueva York, desde donde cruzó toda Norteamérica hasta el valle de Nampa, en California, para hacerle a la señorita Hogan su proposición de matrimonio. En 1892 se graduó con máximo honor en Historia. En 1896 se casó y publicó su primer libro, una pequeña colección de poemas.

En 1905 se presentó como candidato liberal al Parlamento inglés por la circunscripción de Salford South, cerca de Manchester. Ningún liberal había sido nunca elegido allí, así que sus oportunidades eran mínimas, más aún teniendo en cuenta que él era católico. El electorado estaba compuesto en su mayoría por protestantes, sobre todo metodistas, por eso el agente de Belloc le indicó que, bajo ningún concepto, debía hacer ninguna mención a la religión.

En su primer acto de campaña, Belloc comenzó hablando a su auditorio de su fe: Soy católico –les dijo– y, en la medida de lo posible, voy a misa todos los días. Esto –dijo, sacando del bolsillo su rosario– es un rosario. Siempre que me es posible, me arrodillo y lo rezo. «La buena gente de Salford South –cuenta Mackey– no sólo lo eligió, contra toda probabilidad, sino que, en la siguiente elección, en la que Belloc concurrió como candidato independiente, lo volvieron a elegir. No tardó mucho, en cualquier caso, en desilusionarse totalmente con la política de partidos y abandonó el Parlamento para siempre».

Su mujer, Elodie, murió en 1914, dejándolo con cinco hijos. En la primera guerra mundial, Belloc perdió a su hijo Louis. Otro hijo, Peter, murió en la segunda. En esta época, en torno a 1940, su salud empezó a flaquear. Sufrió una crisis cardiaca, y hasta el momento de su muerte, en 1953, no volvió a escribir.

George Bernard Shaw conversa con Belloc y con Chesterton

Belloc, católico desde niño, forma parte de la generación de escritores y publicistas católicos que floreció en la Inglaterra de finales del siglo pasado y principios de éste. Su amistad con Gilbert Keith Chesterton resultó decisiva en la conversión al catolicismo de éste último. De hecho, siempre fueron grandes amigos y emprendieron juntos el combate en defensa del sentido común y de la fe católica, a través de los combativos escritos de Belloc y los ocurrentes de Chesterton. Tan unidos estaban que, a ojos de uno de sus principales contrincantes, George Bernard Shaw, figuraban como un solo ente, que él bautizó como Chesterbelloc, contra el que polemizaba continuamente.

Belloc hizo el centro de sus preocupaciones publicísticas su experiencia de la Iglesia católica como custodia de la vida y la riqueza humana. Previó muchos retos a los que tendría que hacer frente la Iglesia en el futuro, sobre todo la tentación de reducir la fe a puro humanitarismo.

Aunque su principal actividad consistió en la investigación sobre personajes históricos (publicó numerosas biografías) también realizó importantes trabajos de interpretación histórica. Belloc estaba persuadido de que no sólo había que contar lo que había sucedido en el pasado, sino que había que ayudar a comprenderlo (Cómo Sucedió la Reforma; Crisis de Civilización).

Es indudable que su carácter enérgico y poco dado al compromiso hacía de él una persona no excesivamente fácil, pero hasta sus enemigos reconocían en él una pasión –que podía llegar a expresarse bárbaramente– por la verdad. Quienes han tenido la oportunidad de leer sus arriesgadas y, a veces, entusiasmantes tomas de posición no puede dudar de la oportunidad de que se reediten algunas de sus obras.

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